subject: La Magia De Que La Maga Exista [print this page] No podemos hacer nada que no sea mgico.(Meyrink)
An no he encontrado la carta de Cortzar sobre Castaneda pero para los que han gozado de la amistad sinfrnica de Cortzar su MAGA no les parece mgico que exista?No ha sido para muchos una amiga imaginal, esa MAGA, y ahora resulta que est tambin de este lado del libro en el que se pasan ordenadamente las pginas?
An no he encontrado la carta de Cortzar sobre Castaneda pero no les parece mgico esta carta que nos arroja el cartero del mundo?
"Edith Aron, la maga de Cortzar: "Hay cosas que no le perdono a Julio" La mujer que inspir el entraable personaje de "Rayuela" recuerda los paseos con el escritor por Pars y la vez que dieron sepultura a un paraguas para que no cayera en el indigno tacho de la basura. Desde Londres, Edith confiesa que aunque las casualidades la unieron a Cortzar, la decepcin termin por alejarla. Edith Aron cumpli 82 aos el domingo pasado, pero su memoria no falla. Sus recuerdos estn intactos y habla de ellos como si los volviera a vivir, como si le produjeran la misma alegra, la misma ternura y tambin la misma frustracin. Vive en St. Jonhn's Wood, un barrio de primera en Londres. Mientras contesta por telfono esta entrevista, mira desde su ventana un rbol, sus libros y un pedazo de cielo. Aunque nos separan miles de kilmetros, su calidez ignora la distancia. "Yo no soy la Maga", se apura en decir, a pesar que su presencia qued grabada con fuego en la mente de toda una generacin que quiso ser ella y que tambin quiso amarla como si no hubiera otra posibilidad en el planeta. Cortzar la inmortaliz en su libro "Rayuela" y a ella eso todava le parece divertido. En el papel quedaron sus divagaciones, la magia que an posee y la inocencia que todava perdura. Sentada en uno de los sillones de su departamento, a pasos de la Abbey Road que The Beatles dio a conocer al mundo, recuerda al hombre que alguna vez am y que tambin le caus una de sus mayores tristezas, cuando la alej de su circuito de traductores. Edith Aron juega con la fantasa. Mientras yo imagino su vida, ella trata de reconstruir el Santiago que conoci alguna vez y el Quilpu que visit cuando vena a ver a la hermana de su madre. Por supuesto, tambin recorre los episodios que hicieron que la casualidad de sus encuentros con Julio fueran lo menos casual en sus vidas. EL AZAR La primera vez que lo vio le llam la atencin su porte, su presencia y la forma de pronunciar la "r" a la francesa, desde la garganta. Lo escuchaba con detencin hablar a lo lejos en medio del humo y el jolgorio de ese saln de tercera. Viajaban desde Buenos Aires a Pars en el barco italiano "Conte Biacamano", sintiendo la brisa de ese 6 de enero de 1950. Esa noche, el lugar se inund de las miradas cmplices, de la imagen de un Julio Cortzar que aos ms tarde sera uno de los mejores escritores del mundo. Los das en el mar terminaron sin que ella sintiera ms que atraccin por el joven alto, amable y de rasgos acromeglicos. En su mente quedaron sus ojos y el recuerdo de l tocando piano a cuatro manos con un amigo. Unos cigarrillos Gitanes. Un par de tangos. "Esa noche, yo estaba sentada a la mesa con unas compaeras de habitacin. Una italiana que estaba embarazada y una monja que deca que iba a rezar por m. Una de ellas me dijo que invitramos a Julio a la mesa, pero no s qu pas, todo estaba muy raro y finalmente no lo llamamos", recuerda Edith. Con prisa y luego de unos das en el mar, el barco lleg hasta Cannes. No cruz una sola palabra con el enigmtico viajero. Quera llegar pronto donde su padre. No lo vea hace 15 aos. De la mano de su madre, lo haba abandonado presionada por el desastre que estaba causando el nazismo, pero todava mantena intacto el recuerdo del Sarre, su lugar de origen: un territorio ubicado entre Francia y Alemania que no haba escapado del ansia de poder de Hitler. Pas un tiempo desde aquel viaje por el mar y un da en una librera del Boulevard Saint Germain, en Pars, se volvieron a ver. Se reconocieron de inmediato. Ella iba a dejar un encargo que traa desde Buenos Aires y lo mir sorprendida por el destino. Por primera vez cruzaron palabras. "Nos volvimos a encontrar por tercera vez. Yo estaba en el cine viendo una pelcula muda, Juana de Arco'. Luego, nos vimos en los Jardines de Luxemburgo y Julio me invit a tomar un caf. Para l, las casualidades eran muy importantes". Esa tarde caminaron y descubrieron que tenan amigos comunes en Buenos Aires, intercambiaron direcciones y las citas comenzaron a ser ms frecuentes. Edith tena 23 aos y Julio 32. Ella se rea con sus ocurrencias. "Era mi primer encuentro con un gran intelectual. Saba tanto, pero nos llevbamos bien porque tena un gran sentido del humor. l se rea un poco de m, tena una cultura superior. Yo me senta tan impresionada. Inventaba muchas cosas. Ese da le llam la atencin un rbol con races enormes y me recit un poema: Trees'". Sus paseos se hicieron cada vez ms habituales. "Un da llegamos hasta Jardin des Plants. Ah descubrimos los Axolotl que lo dejaron muy impresionado. Luego de andar, yo en mi vieja bicicleta y l en la suya de marca Aleluya, nos detuvimos. Apoyados contra un rbol me ley un cuento muy lindo. Me hizo llorar porque me haca recordar muchas cosas de Buenos Aires y l tambin se emocion porque a m me emocionaba. Entonces me dijo que si alguna vez lo publicaba me lo iba a dedicar". Aos ms tarde, cuando ya no estaban juntos, ese relato se convirti en parte de "Final del juego". Y ella le reproch que no hubiese cumplido con la dedicatoria. "l me dijo: !Pero si a ti te dediqu un libro completo!'", recuerda Edith y suelta una carcajada. As se hizo testigo de algunos de sus relatos. "Un da, mientras comamos y l jugaba con unas migas de pan que estaban sobre la mesa, me mir y coment: Tengo ganas de escribir un libro mgico'". As naci "Rayuela". AURORA Edith cuenta que por esos aos, Cortzar encontr un departamento y la invit a vivir con l. "Pero yo quera estudiar, por eso no quise aceptar. Tambin se le ocurri abrir una librera y era posible gracias a mi pasaporte francs, pero nada de eso pas, porque despus l encontr trabajo en la Unesco". En diciembre de 1952, Cortzar invit a Aurora Bernrdez a Pars. "l la admiraba y tenan muchos ms puntos en comn que conmigo. A m me hizo mucho dao su decisin de casarse con ella. l quera que siguiramos siendo amigos y me invitaba a su casa, pero a m me doli eso", recuerda Edith. Hasta ese momento, ella no saba que haba inspirado el libro ms famoso de Cortzar. En 1963, Julio le envi por correo una copia de "Rayuela". Edith recuerda la dedicatoria en la primera pgina y tambin su rabia cuando se enfrent a esas lneas. "Yo tom el libro y arranqu la hoja. Me pareca tan fro lo que ah deca. Luego, por carta, me cont que haba un personaje en Rayuela' que estaba inspirado en m". LA MAGA En la novela vio reflejados sus paseos, algunas de sus conversaciones. Ella era la Maga, la mujer inocente que se baaba en las aguas de la metafsica, intuitiva, aunque no tan culta como el mundo intelectual que la rodeaba. Edith sabe que slo sirvi de inspiracin porque hay cosas de ella que no son reales y que forman parte del personaje literario. "Yo no andaba despeinada ni con los zapatos rotos. No era petulante ni malcriada", dice. Aunque la mejor coartada de Cortzar ser siempre que "para ver a la Maga como l quera tena que empezar por cerrar los ojos". Sin embargo, hay captulos del libro que forman parte de su vida y que estn ah, en sus recuerdos. Como aquel da que sacrificaron un paraguas viejo en el barranco del Parc Montsouries un atardecer helado de marzo. "Lo habas encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchsimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distrada... y nos reamos como locos mientras nos empapbamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza deba morir dignamente en un parque, no poda entrar en el ciclo innoble del tacho de la basura lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril y desde all lo tir con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de csped mojado", dice "Rayuela", y Edith nuevamente lanza un grito en el que Cortzar crey reconocer una imprecacin de valkiria. "Oh, s -re-, todo eso es cierto. Eso fue divertido, muy divertido". Pero los parques, los Axolotl, la casualidad y su delgada cintura se perdieron en la decepcin en que termin su relacin con el escritor. CUENTAS PENDIENTES Edith guarda los mejores recuerdos de esos aos. Fue un tiempo de aprendizaje, de romanticismo y de muchos, muchos das que sirvieron para alimentar la memoria. Sin embargo, tambin hay un episodio que an no olvida y que la llev a reconstruirse, especialmente en su profesin. Ella ya haba traducido varios cuentos de Cortzar al alemn cuando su madre se enferm y viaj a Argentina. Entre 1963 y 1964 debi estar a su lado. "Yo le ped que me ayudara a explicar la situacin, porque esto significaba que me atrasaba con unos manuscritos; pero cuando volv, ya nadie me quera haciendo sus traducciones", cuenta. A pesar que ya han pasado ms de 40 aos desde aquel episodio, an no lo borra: "Sus cuentos traducidos por m tenan mucho xito. Esto en nada toca el afecto que siento por l, pero me fall. Ya no hice otro libro con traducciones; para m, eso fue realmente indignante. No lo puedo perdonar, no puedo. Cambi la estructura de mi vida con eso", dice an con rabia. En ese momento, Edith no comprendi la situacin y fue slo hace unos aos -cuando se dio a conocer la correspondencia de Julio Cortzar- que ella entendi todo. Apenas lleg la publicacin a la Librera Britnica, en Londres, descubri la carta que Cortzar escribi al editor Paco Porra en 1964: "No necesito decirte quin es Edith, vos lo habrs adivinado hace mucho, verdad? Entonces, vos te imagins Rayuela' traducida por ella? () En Rayuela', te acords, la Maga confunda a Toms de Aquino con el otro Toms. Eso ocurrira a cada lnea", escribi Cortzar, y cuando lo ley, a Edith se le derrumb el mundo. "Tuve que empezar de nuevo. Trabaj como profesora de alemn en el Goethe de Buenos Aires. En eso me sirvi mi infancia, mi formacin. Yo creo que finalmente l me confundi con el personaje literario que cre. Eso no fue leal. No fue un gentleman". Edith cree que Cortzar estaba enamorado de su obra, y su suerte en ese momento no le import mucho. "l estuvo en Londres despus, en 1977, para arreglar lo de las traducciones, y me dijo que eso no hubiera sucedido si yo hubiese estado en Francia. Pero todo eso era muy vago y l ya era muy famoso. Tuvimos mala suerte los dos, pero l gan y yo perd". La ltima vez que Edith vio a Cortzar fue en 1978, en un vagn de la estacin South Kensington en Londres. l iba acompaado de Carol Dunlop, su ltima esposa. "Se sent a mi lado y me pregunt si no crea que era una casualidad que nos encontrramos all, pero no. Yo le dije que ya no crea en las casualidades. Nunca pens que sera la ltima vez, por eso me impresion cuando un da en un caf de Londres, leyendo un diario, me enter que Julio haba muerto". Y aunque los recuerdos le dejan otra vez el corazn en los huesos, ella se re. Y comienza de nuevo con sus relatos, sobre todo. Se vuelve a rer, y me cuenta de su hija Johanna, de la celebracin de sus 82 aos en The Orangine. Me repite que no es la Maga. Y yo le creo a Julio. del mundo sobre la Maga?"
El paradigma lautremoniano y las teoras y mtodos del bardo , tanto tibetanos como occidentales (Yeats...Zolla) se conmueve ante esta noticia:La Maga existe...y una sombra se cierne sobre Cortzar...La glosa de esa sombra no ha comenzado an...
Ellemir Zolla escribira un libro con este tema encontrando en l el triunfo y la superacin de anhelos y sospechas que van desde la epifana de Yeats hasta la reactualizacin del MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACION y la popularizacin del IMAGINAL de Carlos Castaneda.El paradigma lautremoniano y las teoras y mtodos del bardo , tanto tibetanos como occidentales (YeatsZolla) se conmueve ante esta noticia: La Maga existey una sombra se cierne sobre CortzarLa glosa de esa sombra no ha comenzado anQu loco que Cortzar cruzara la misma calle que hicieron famosa los Beatles para ver a su Maga